miércoles, 29 de noviembre de 2017

Experiencias estéticas y fenomenología

Veía todo el tumulto pasar, la calle San Gregoriano hervía a son de hojas primaverales, veía también a todas las gentes en sus apasionados trabajos de medias luces y sus intrépidos oficios de medias noches. Estaba junto a los ladrillos grises que triunfaban a lo lejos en el palacio de Le Breés, al igual que sus compañeros, estaba en el escalofriante trabajo de observador. Allí pasaba el día y la noche, como un filo verde. Allí estaba tan siempre, con sus adoquines pequeños y su color gris en la cara. Todos los días veía pasar entre caminos suntuosos al herrero con los pesados hierros en la espalda, o mejor, a la dichosa Cley con sus iconos plásticos de vajillas que vendía en la plaza. Al niño que pronto sería un hombre, al guardia del comedor real que coqueteaba con versos retorcidos a la joven de los pasteles, o mejor, su amigo más fiel. El perro del marqués que siempre huía despavorido del palacio. Siempre o casi siempre, se enamoraba con el aroma de su igual, la traían jóvenes siervos a la reina, ella le ayudaba en los más inhóspitos oficios de aseo, la limpiaba cada vez, pero preciso, cuando se abarcaba su entrada, ella siempre lograba enamorarlo entre el pasar del viento, y su rostro gris de día, se tornaba a un amarillento porque lo sonrojaba inéditamente su mirada. Pasaron muchos años después,  y era el mismo con el rostro gris, para entonces su edad era de unos 80 años, seguía con la cara gris y ya observaba el funeral a lo lejos de Cley y el herrero muerto, en un accidente de calaveras de plaza. El niño se hizo hombre y él hizo otros niños, la mujer de los pasteles quedó viuda por las guerras napoleónicas. Todo había cambiado.  Allí, luego de tanto, aguantó cada una de las sinceras revoluciones, luchó contra los hombres más mordaces y cantó revolución con cada uno de ellos, además de que su cara tuvo que ser reparada con un rayo improvisado de un desalmado que quiso enfrentarlo. Luego de tanto, pensaba de ver tantos hombres y mujeres, de ver cómo sacaban a la basura a su eterna enamorada, de ver la vida de tanto, después de tanto, volvía a pensar. Por fin, por fin, era la hora de comenzar a vivir. 



Tomado de hdfondos.eu

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