Yo estaba al lado de la palma donde sólo olía miel y veía insectos. Allí abajo había otro hombre, estaba al lado de una palma, olía a miel y veía insectos.
Allí estaban dos hombres, veían a un hombre al lado de una palma, oliendo a miel y viendo insectos.
Formas plurales que se multiplican en tres patrias ganadas, con sus propios puentes, con sus propias batallas y sus propias banderas.
Yo estaba alcanzando tres manzanas, mientras el de abajo alcanzaba también tres manzanas. Aquellos hombres que alcanzaban manzanas, veían un hombre alcanzando tres manzanas, ya no eran propios los puentes, ya no eran propias las batallas y ya no eran propias las banderas.
Los dos hombres que veían al hombre, se dieron cuenta que aquel en un intento por prender una fogata, se había quemado el brazo derecho y ambos, los de arriba, tenían los derechos lacerados.
Yo, intenté echarme agua y calmar el dolor de una noche de septiembre, mientras veía al otro en una noche de octubre, y ambos hombres veían al de abajo, en una noche iluminada de enero.
Una tarde de miércoles en la cual yo veía el tercero, no estaba el otro. El otro había muerto. Lo sé porque el tercero, el que veía a ambos, estaba desmayándose al lado de la palma, que ya no olía a miel y no habían insectos porque estaba la muerte, y lo sé, porque yo también me estoy muriendo. Sólo se oyó un sonido, mientras yo gradualmente me despertaba entre el clamor del bebé que estaba sentado en frente mío y la muchacha dispar que creía leer la montaña mágica de Thomas Mann.




