Dicen que la noche da respuesta a los deseos más profundos – le decía el padre a su hija antes de dormir. ¿Qué clase de deseos? - Preguntó ella. – Aquellos que anhelas sin avaricia, los deseos inmateriales que vienen del corazón. – Pues yo deseo que la noche siga siendo noche hasta el último día de mi existencia.
La única luz que despedía la habitación era de la luna entrando por la ventana. Ella, recostada en su almohada solo observaba el reflejo iluminado del rostro afligido de su padre. El tiempo cada vez avanzaba y la niña convertida en mujer, anhelaba que llegara la noche porque descubría que, a diferencia de los días, la noche siempre era la misma: el padre sentado a su lado en el silencio de la vigilia y ella contemplando con suspiro cómo el espectro de su padre se desvanecía en la madrugada.
Achlys
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